Por ser hijo de árabe, el juez de paz le puso autoritariamente a su nombre la ye. La curiosidad, la pasión por la lectura y el amor por la tierra donde vio la luz, lo llevaron a bucear en las raíces de su pueblo. “Burruyacu es un departamento con mucha historia, relacionada con el nacimiento de la patria. Ocurre que no tuvo ingenio azucarero ni fue centro turístico y en el pasado, no tuvo colegios secundarios, tal vez esa sea la razón por la que no hubo interesados en investigar y profundizar su participación histórica. Solo se refieren a la presencia circunstancial de San Martín en La Ramada de Abajo”, dice Ysmael Díaz, autor de “El Puestito, mi pago chico”, “La aguada del burro. Memorias de Burruyacu” y “El Puesto de don Benito”. Nació hace 77 años en El Puestito, localidad de la que fue el primer comisionado rural, y es de hace muchos años un asiduo colaborador de nuestra Sección Cartas de Lectores.

- ¿Cuál es la importancia de Burruyacu en la historia provincial?

- El hecho de ser un departamento que lindera al este con Santiago del Estero y al norte con Salta, permitió siempre el tránsito por esta región sin necesidad de pasar por la capital tucumana, por ejemplo, el Camino del Palomar, que los años 1600, permitía llegar a la Ciudad de Esteco (Salta), donde se controlaba y se tributaba por el arreo de mulas y cargas en carretas. En 1785, se crea el Curato Rectoral de Burruyacu, que brindaba servicios de asistencia espiritual y sacramental y de registro civil de una vasta región que incluía parte del departamento Cruz Alta y lugares linderos a Santiago y a Salta. En 1797 se funda la primitiva iglesia de San Patricio de El Rodeo-La Ramada, hoy en ruinas.

- En esa época, las postas tenían una importancia considerable…

- En el siglo XVII ya existía el Fuerte de San Simón en La Ramada, construido para evitar el avance de los indígenas, provenientes del norte, que realizaban grandes saqueos, según lo atestiguan las actas. La Posta de Burruyacu era el sitio oficial. Los oficios de los Cabildos de septiembre de 1810 así lo testimonian. También existían los puestos de Don Benito (hoy Villa Benjamín Aráoz), el del Medio, de Uncos, El Puestito, donde el viajero podía conseguir agua, leña, cabalgadura, alimento y auxilio.

- ¿Qué papel tuvo en los tiempos de gestación de la independencia?

- En septiembre de 1810, acampan en la Posta de Burruyacu 14 carretas con artillería y demás pertrechos, junto a 200 soldados y jefes, proveniente de Buenos Aires rumbo al Alto Perú, donde se libraría la batalla de Suipacha, que fue el primer triunfo del ejército patriota. En 1812, acampa en el mismo lugar el general Belgrano con su diezmado ejército, junto con la población jujeña del emblemático Éxodo. El pueblo de Burruyacu lo cobija y lo auxilia hasta llegar a La Encrucijada, sitio ubicado entre La Ramada y La Cruz, donde se detiene para escuchar la propuesta de quedarse en Tucumán para enfrentar a los realistas. En abril de 1814, San Martín se instala en La Ramada de Abajo para restablecer su salud y planificar la campaña de los Andes. Su estadía allí no fue casual, era un lugar tranquilo y seguro. El tucumano Gregorio Aráoz de La Madrid aconsejaba usar ese camino por ser de menores riesgos. En 1816, el cura Gregorio de Villafañe, que se hallaba al frente de Curato Rectoral de Burruyacu, fue llamado a colaborar en el Congreso de Tucumán.

- Esas tierras tuvieron también un baqueano de fuste…

- En 1836, Alejandro “Alico” Ferreira se casa con una burruyaqueña y se aquerencia en el pueblo. Fue calificado como el baqueano más famoso de Sudamérica. Entre otras hazañas, le cabe haberle salvado la vida al general Lavalle en la batalla de Famaillá; fue auxiliar de cuanta personalidad pisara estos pagos.

Se define como “un baisano chapao a la antigua” (carece de celular y de computadora). “El 90% de los docentes que enseñan en los departamentos de Trancas, Burruyacu, Leales, provienen de la capital y no conocen el lugar donde realizan su actividad o su idiosincrasia. Por ejemplo, les preguntan a los chicos que indiquen dónde está el este y el oeste, y ellos no saben, porque los conocen como naciente y poniente”, acota don Ysmael Díaz, cuyos libros aún esperan un editor interesado en difundir un pedazo de tucumaneidad.